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Lo imborrable El conflicto alrededor del mural histórico de la UAB

Si por algo es reconocida la Universitat Autònoma de Barcelona es por la presencia de innumerables murales de índole política que ya forman parte de la identidad del campus. En la concurrida Plaça Cívica se alza una pared que, durante años, ha funcionado como una superficie de disputa simbólica. En ella puede leerse el lema “Independència, socialisme, feminisme”. Aunque a primera vista podría interpretarse como un simple mural de contenido político, se trata en realidad del mural histórico de la universidad, que hace tangibles las tensiones políticas presentes en el campus y pone sobre la mesa los límites entre la libertad de expresión y la autoridad.

El mural fue pintado por primera vez hace trece años por el Sindicat d’Estudiants dels Països Catalans (SEPC). Desde entonces, ha sido objeto de numerosas modificaciones, borrados y restauraciones debido a la controversia que genera. El conflicto se intensificó a partir de 2019, cuando la asociación Impulso Ciudadano inició un procedimiento judicial reclamando su retirada bajo el argumento de que una universidad pública debía preservar la neutralidad institucional; dicho procedimiento continúa aún en activo. A partir de entonces, distintas resoluciones judiciales e institucionales ordenaron cubrir el mural mientras se resolvía el litigio y, en especial, durante los periodos de campaña electoral. La universidad cumplió estas medidas cautelares mediante la instalación de lonas que, sin embargo, fueron repintadas reiteradamente por los estudiantes. Finalmente, durante la Semana Santa de 2026, la UAB decidió pintar la pared de forma definitiva, borrando así el mural. Pocos días después, el 14 de abril, el movimiento estudiantil volvió a pintarlo en el mismo emplazamiento, denunciando lo sucedido como un acto de censura.

Toda esta cronología refleja una disputa continua sobre la legitimidad del mural. Distintas generaciones de estudiantes lo han restaurado, manteniendo vivo un elemento que, para muchos, forma parte de la identidad y la memoria colectiva del campus. Su aspecto ha cambiado repetidamente, pero el mensaje ha permanecido reconocible. El verdadero interés del mural no reside únicamente en la imagen que muestra, sino en las sucesivas capas de pintura que lo han construido a lo largo del tiempo y que funcionan como vestigios de una historia que no parece acabar. Precisamente, esta dinámica de desaparición y retorno es lo que convierte el caso en un objeto de estudio especialmente interesante.

Resulta significativo que los sucesivos intentos de eliminación, lejos de debilitar el valor simbólico de la obra, hayan contribuido a reforzarlo. Si una imagen desaparece y nadie siente la necesidad de recuperarla, probablemente su relevancia social sea limitada. En cambio, cuando una comunidad insiste en reconstruirla de forma constante, quizás el debate deba centrarse en la memoria colectiva, la resistencia y la identidad. El mural acaba adoptando su valor patrimonial precisamente por la historia de constantes litigios y desapariciones.

Desde esta perspectiva, el mural puede entenderse como una forma de “patrimonio incómodo”, concepto que hace referencia a aquellos elementos de valor histórico y social que generan controversia dentro de una comunidad. En el caso de la UAB, las tensiones son evidentes: hay quienes consideran que el mural es una expresión legítima del movimiento estudiantil; otros, en cambio, sostienen que no representa a toda la comunidad universitaria y contradice el principio de neutralidad institucional. No obstante, independientemente de su contenido político, la historia que rodea al mural ha generado por sí sola todo un valor patrimonial propio.

Es importante entender que el arte posee una dimensión política, ya que toda producción artística se desarrolla en un contexto social, cultural e histórico que condiciona su creación y recepción. Esto adquiere especial relevancia en el marco del arte urbano, estrechamente vinculado a la comunidad y a menudo orientado a generar un impacto social. La política es por tanto, una de las cuestiones inherentes a la práctica artística. Sin embargo, el conflicto alrededor del mural evidencia que no solo el arte no es neutral, sino que la forma en que se interactúa con él tampoco lo es.
Se trata de la dificultad de determinar qué imágenes pueden ocupar el espacio colectivo. Esta discusión adquiere gran significación cuando hablamos de manifestaciones artísticas con contenido político en instituciones que, como las universidades públicas, suelen reivindicar una posición de neutralidad. Sin embargo, la propia idea de neutralidad resulta problemática: al final, decidir qué imágenes permanecen o se eliminan y qué discursos se visibilizan constituye, en sí mismo, un acto político.

El espacio público es un lugar donde las relaciones de poder se hacen tangibles. El caso permite reflexionar sobre la relación entre arte y poder, especialmente en torno a cómo gestionar el mural y quién posee la autoridad para definir qué representaciones son legítimas y cuáles deben ser borradas. A través de un fenómeno concreto de la UAB, y aparentemente aislado, se hacen visibles las dinámicas entre arte, poder y memoria colectiva que suceden en nuestro entorno.

Lo interesante del caso no reside únicamente en esta dimensión general del conflicto, sino en la forma en que se materializa a través de una dinámica constante de borrado y repetición. Cada intento de eliminación reactiva su condición política y refuerza su presencia simbólica. Precisamente, aquello que lo hace significativo es la insistencia de distintos grupos en borrarlo y la de otros en volver a restituirlo. En esencia, el conflicto constituye su forma de existencia, ya que el mural se construye en el propio acto de ser disputado.

Quizá por ello el verdadero significado de este mural no se encuentre en ninguna de sus versiones concretas. Más que una imagen, el mural se ha convertido en una práctica social permanente de disputas e interacciones. Es precisamente en ese lugar donde reside su fuerza: en demostrar que lo que se discute es la capacidad de definir el significado simbólico del espacio universitario y, en última instancia, aquello que una comunidad evita o intenta borrar.

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